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Siento tener que compartir la triste noticia del fallecimiento del Profesor José Antonio Ríos.

Vicepresidente de nuestra Federación (FEAP), primer presidente de la Federación Española de Asociaciones de Terapia Familiar (FEATF), fundador de la Asociación Española para la Investigación y Desarrollo de la Terapia Familiar (EAIDTF), miembro de la sección de Terapia Familiar de FEAP, fundador de la revista Cuadernos de Terapia Familiar, así como del centro STIRPE y director de la colección de terapia familiar de la editorial CSS.

A él le debemos los frutos que estamos recogiendo en la Psicoterapia Familiar en España, él sembró sus semillas y me atrevería a decir que fue el padre que ayudó a crecer el movimiento de la orientación y terapia familiar.

En sus numerosas publicaciones, siempre sensible a la realidad social, siempre atento a las necesidades de las/los alumnas/os en formación, de las/los profesionales de la atención psicológica y por su puesto, de las familias y parejas necesitadas de orientación. Obras como “El padre en la dinámica personal del hijo”, “La familia, realidad y mito” o “El malestar en la familia” fueron pioneras en la manera de comprender la dinámica familiar, y manuales como “Orientación y Terapia Familiar” o “Personalidad, madurez humana y contexto familiar” se convirtieron en guías de mesilla de muchas y muchos psicoterapeutas familiares.

No sólo se ha ido un maestro de la psicoterapia, sino un pionero y creyente acérrimo del asociacionismo por y para la psicoterapia, ojalá su sueño de ver reconocida la psicoterapia como una profesión reconocida y de prestigio, ojalá sus esfuerzos para que rememos todas y todos los profesionales en la misma dirección en beneficio de una psicoterapia de calidad, ojalá su espíritu conciliador, esperanzador y enérgico, quede por mucho tiempo entre nosotras y nosotros.

Como presidente de FEAP y psicoterapeuta familiar, es una noticia triste, que marcará un recuerdo y, por tanto, me da la oportunidad de seguir creyendo en lo que desde FEAP estamos trabajando en coherencia y lealtad a su legado. Espero estar a la altura de ese primer Pilar que José Antonio colocó para el crecimiento de la psicoterapia y me comprometo, a que no sólo quede su recuerdo, sino a seguir regando esas semillas con el espíritu luchador y generoso que de él aprendí, para que algún día esas semillas que con tanto esfuerzo sembró puedan convertirse en el fruto que la psicoterapia se merece ser.

Descanse en paz…